20.000 Leguas de Viaje Submarino
Una aventura en el fondo del mar
¡Sumérgete en una aventura por el fondo del océano, llena de criaturas asombrosas y un submarino misterioso! Toma aire y… ¡vamos a explorar el mar!
Para leer en familia
En cada dibujo, pregúntale al niño o la niña qué criatura del mar le gusta más. Es una historia ideal para hablar de los océanos y de cómo cuidarlos.
Un monstruo en el mar

En el año 1866, un rumor aterrador corría por todos los puertos del mundo: algo enorme y brillante aparecía de noche en el océano. Los capitanes de grandes barcos regresaban pálidos contando la misma historia — una sombra gigantesca, más rápida que cualquier ballena, que sacudía las aguas con una fuerza terrible. Los marineros le llamaban el monstruo marino.
El sabio profesor Pierre Aronnax, un naturalista francés famoso por sus estudios del océano, recibió una invitación especial para unirse a la expedición que iría a buscar a la criatura. Con él viajaron su fiel ayudante Conseil, siempre tranquilo y ordenado, y el valiente arponero canadiense Ned Land, famoso en los siete mares por no errar nunca su lanzamiento. Los tres zarparon llenos de curiosidad, sin imaginar la aventura extraordinaria que les esperaba.
¡No es un monstruo!

Una noche tormentosa, el misterioso ser apareció muy cerca de su barco. Los marineros lanzaron todo lo que tenían — cañones, arpones, cadenas — pero nada lo detuvo. De repente, el barco recibió un golpe brutal y Aronnax, Conseil y Ned Land cayeron al agua helada del océano. Nadaron con todas sus fuerzas hasta aferrarse a algo oscuro y duro que flotaba a su lado.
Era metal. Frío, liso y sólido, con una forma alargada como un enorme cigarro de acero. Una escotilla se abrió desde dentro y unos brazos los jalaron hacia adentro. ¡Habían caído encima del 'monstruo'! Y ese monstruo no era ninguna bestia — era el invento más asombroso que existía en el mundo: el Nautilus, un submarino capaz de navegar por todos los océanos sin que nadie lo viera.
El capitán Nemo

Dentro del Nautilus, los tres viajeros quedaron boquiabiertos. En lugar de las oscuras entrañas de un barco ordinario, encontraron salones elegantes con estantes repletos de miles de libros, pinturas famosas en las paredes, instrumentos musicales y colecciones de conchas y criaturas marinas que brillaban como joyas. Era como un museo flotante bajo el mar.
Entonces apareció el dueño de todo aquello: el capitán Nemo. Era un hombre de mirada profunda y seria, con el porte de alguien que ha vivido cosas que muy pocos seres humanos pueden imaginar. Les explicó que el Nautilus era completamente autosuficiente: obtenía electricidad del mar, comida del mar y todo lo que necesitaba del propio océano. Les hizo un trato: viajarían con él y verían las maravillas del fondo del agua — pero no podrían regresar a tierra hasta que él lo decidiera.
Maravillas bajo el mar

Lo que vieron a través de los enormes ventanales del Nautilus dejó a los tres viajeros sin palabras. El fondo del océano era un mundo completamente diferente al de la superficie: bosques de coral en colores que ningún pintor podría imaginar, peces de formas extrañas que brillaban con luz propia en la oscuridad, medusas que flotaban como fantasmas translúcidos y bancos de peces plateados que se movían juntos como si fueran un solo ser.
El capitán Nemo conocía cada criatura por su nombre. Explicaba con orgullo que el océano guardaba más secretos que toda la tierra firme junta, y que la mayoría de los seres humanos nunca los conocerían. Cada día traía una nueva maravilla: caballitos de mar dorados, el esqueleto de un galeón hundido cubierto de anémonas de colores, o la danza hipnótica de las rayas que volaban entre las rocas como pájaros bajo el agua.
Un paseo por el fondo

Un día, el capitán Nemo invitó a sus tres pasajeros a algo que nunca habían imaginado: salir a caminar por el fondo del mar. Les dio gruesos trajes impermeables y pesados cascos de metal con vidrio grueso por donde mirar, conectados a cilindros de aire. Y así, uno detrás del otro, abrieron una escotilla y pusieron los pies en la arena blanca del fondo del océano.
Caminar allá abajo era como moverse en un sueño. Cada paso levantaba una pequeña nube de arena. Alrededor crecían plantas marinas altas como árboles, y peces curiosos se acercaban a mirarlos sin miedo. Visitaron un viejo galeón español hundido hacía siglos, con cañones cubiertos de coral rojo. Y el capitán Nemo, como si recogiera flores en un jardín, agarró con calma unas perlas gigantes que brillaban en la oscuridad como pequeñas lunas.
Mares de hielo

El Nautilus no tenía fronteras: iba a donde el capitán Nemo quería. Un día comenzaron a aparecer bloques de hielo cada vez más grandes, más blancos y más fríos. El océano se fue volviendo azul pálido, luego turquesa, luego casi blanco. Habían llegado a la Antártida, el lugar más frío y solitario de la Tierra.
A través de las ventanas del submarino vieron pingüinos curiosos que los miraban desde el borde del hielo, focas que dormían apiladas unas sobre otras y montañas de hielo tan enormes que sus raíces se hundían cientos de metros bajo el agua. El capitán Nemo también hizo algo que nadie había logrado jamás: llevó el Nautilus por debajo de toda esa capa de hielo, navegando en completa oscuridad hasta llegar a un lugar donde ningún ser humano había pisado antes. Para Aronnax, fue como llegar a otro planeta.
¡El calamar gigante!

Pero no todo en el viaje era hermoso y tranquilo. Un día, sin previo aviso, algo enorme rodeó al Nautilus con fuerza brutal. Eran tentáculos: largos, gruesos como troncos de árbol y cubiertos de ventosas enormes que se aferraban al metal con una potencia terrible. Era un calamar colosal, una criatura de las profundidades más oscuras del océano que raramente se dejaba ver.
El Nautilus quedó atrapado, incapaz de moverse. El capitán Nemo ordenó subir a la superficie y abrió las escotillas. Comenzó entonces una batalla feroz: los marineros pelearon contra los tentáculos con hachas y lanzas, mientras el calamar sacudía el barco con furia. Ned Land, el arponero, demostró todo su valor lanzando su arpón con perfecta puntería. Trabajando todos juntos, lograron alejar a la bestia. Cuando el Nautilus volvió a navegar libre, nadie habló durante varios minutos. El océano también tenía sus monstruos.
De vuelta a casa

Después de meses de viaje por todos los mares del mundo — el Atlántico, el Índico, el Pacífico, los mares helados del norte y del sur — algo comenzó a cambiar en los tres viajeros. Ned Land extrañaba la tierra firme con tanta fuerza que a veces no podía dormir. Y el propio Aronnax, aunque había vivido las aventuras más increíbles de su vida, empezaba a añorar el sol, el viento y la libertad de caminar sin casco de metal.
Una noche tormentosa, los tres se escaparon del Nautilus en un pequeño bote salvavidas. Las olas los arrastraron durante horas hasta que llegaron a la costa. Cuando pusieron los pies en tierra firme, Aronnax miró el horizonte y pensó en el capitán Nemo — el hombre que eligió vivir para siempre bajo el mar. ¿Seguiría navegando en el Nautilus por las profundidades del océano? Nadie lo sabía. Pero las historias que los tres traían consigo cambiarían para siempre la forma en que el mundo miraba el mar.
La lección de la historia
¿Qué aprendimos?
El océano está lleno de maravillas y criaturas increíbles que vale la pena conocer y cuidar. Esta aventura nos invita a tener curiosidad, a explorar con respeto y a proteger el mar y todo lo que vive en él.
Actividad
Dibuja el fondo del mar con tus criaturas favoritas, o inventa tu propio submarino. ¿Qué nombre le pondrías y qué maravillas te gustaría descubrir bajo el agua?
Actividades para imprimir
Descarga e imprime estas actividades del viaje submarino.
Juega en la pantalla
🃏Memoria: encuentra las parejas del viaje submarino
Voltea las cartas y encuentra las parejas iguales.
💭Para pensar y crear
Preguntas para pensar y conversar en familia.
Piensa y cuéntale a tu familia:
El capitán Nemo exploraba las maravillas del mar. ¿Qué parte del océano te gustaría descubrir?