Los Viajes de Ulises
Una gran aventura de la antigua Grecia
Después de la guerra de Troya, un héroe muy astuto llamado Ulises (también conocido como Odiseo) solo deseaba una cosa: volver a su isla, Ítaca, con su familia. Pero el mar le tenía preparadas muchísimas aventuras. ¿Listos para navegar con él? ¡Que empiece el viaje!
Para leer en familia
Lee despacito y haz pausas en cada dibujo. Pregúntale al niño o la niña qué cree que pasará después. ¡Así la aventura se vuelve aún más emocionante!
El regreso a casa

Cuando terminó la guerra, Ulises y sus valientes marineros subieron a sus barcos y partieron por el ancho mar. El camino a Ítaca era largo, y ninguno imaginaba cuántas sorpresas les esperaban antes de volver a abrazar a sus familias.
La isla de las flores mágicas

Una tormenta los llevó a una isla extraña donde la gente comía unas flores mágicas llamadas lotos. Quien probaba una de esas flores… ¡se olvidaba por completo de su hogar! Algunos marineros las comieron y ya no querían volver. Ulises, con mucho cariño, los subió de vuelta al barco y zarparon rápido de aquel lugar.
Los gigantes caníbales

Después de la isla de las flores, los barcos de Ulises llegaron a un puerto tranquilo rodeado de altos acantilados. Parecía un lugar seguro… ¡pero no lo era! Los lestrigones, unos gigantes terribles y feroces, comenzaron a lanzar enormes rocas desde las alturas, hundiendo barco tras barco. Solo la nave de Ulises se salvó porque él la había anclado fuera del puerto. Con el corazón roto por perder a tantos amigos, remaron con todas sus fuerzas y huyeron de aquel lugar espantoso.
El gigante de un solo ojo

Llegaron a una isla con una enorme cueva llena de quesos y ovejas. Pero la cueva era el hogar de Polifemo, un cíclope gigante con un solo ojo en la frente, que atrapó a Ulises y a sus hombres. Para escapar, Ulises usó su mayor arma: ¡la astucia! Le dijo al gigante que su nombre era 'Nadie', y cuando lo venció, Polifemo gritó: «¡Nadie me ha atacado!». Así, ningún otro gigante vino a ayudarlo.
La huida bajo las ovejas

Para salir de la cueva sin que el gigante los atrapara, Ulises tuvo otra idea genial: él y sus hombres se escondieron debajo de las enormes ovejas, agarrados de su lana. Cuando las ovejas salieron a pastar, ¡los marineros salieron con ellas! Corrieron a su barco y se hicieron a la mar, libres otra vez.
El saco de los vientos

El rey de los vientos, Eolo, le regaló a Ulises un saco mágico que guardaba todos los vientos, menos el que lo empujaría a casa. ¡Ítaca ya se veía a lo lejos! Pero mientras Ulises dormía, algunos marineros, llenos de curiosidad, abrieron el saco pensando que escondía un tesoro. Todos los vientos salieron de golpe y una gran tormenta los empujó lejos, lejísimos, de su hogar.
Para pensar
La curiosidad es buena… pero a veces conviene preguntar antes de abrir lo que no es nuestro. ¡A los marineros la prisa por el tesoro les costó muy caro!
La hechicera Circe

En otra isla vivía Circe, una hechicera muy poderosa. Con un hechizo, convirtió a varios marineros en cerditos. Pero Ulises, ayudado por una planta mágica, no cayó en el encantamiento. Con valentía y buenas palabras convenció a Circe de devolver a sus hombres su forma normal. ¡Y hasta se hicieron amigos!
El canto de las sirenas

Las sirenas cantaban tan bonito que hechizaban a los marineros y los hacían chocar contra las rocas. Ulises quería escuchar su canto sin caer en la trampa, así que tapó los oídos de su tripulación con cera y pidió que lo ataran bien fuerte al mástil. Oyó el canto más hermoso del mundo… ¡pero el barco siguió a salvo!
El monstruo de seis cabezas y el remolino gigante

Justo después de las sirenas, Ulises se enfrentó a dos peligros a la vez. A un lado del estrecho vivía Escila, un monstruo con seis cabezas larguísimas que bajaba a atrapar marineros del barco. Al otro lado, Caribdis, un remolino gigante que se tragaba el mar entero. ¡Ulises tuvo que elegir el mal menor! Navegó cerca del monstruo. Escila bajó sus seis cuellos y arrebató a seis valientes marineros, uno por cada boca… pero el resto del barco escapó. Ulises los lloró de corazón, sin dejar de remar hacia adelante.
Las vacas sagradas del dios Sol

Llegaron a la isla del dios Sol, Helios. Ulises les advirtió muy serio: «¡No toquéis sus vacas blancas, son sagradas!». Pero los marineros tenían tanta hambre que, mientras Ulises dormía, mataron algunas. Helios se quejó a Zeus, el rey de los dioses, quien mandó una tormenta feroz que destrozó el barco. Todos cayeron al mar. Solo Ulises sobrevivió, aferrado a unos maderos, completamente solo en el inmenso océano.
Para pensar
Las advertencias importantes siempre hay que escucharlas, aunque tengamos mucha hambre o mucha prisa. A los marineros les costó muy caro no hacer caso.
Siete años en la isla de Calipso
Las olas llevaron a Ulises hasta la isla de Calipso, una ninfa muy poderosa. Calipso se enamoró de él y no lo dejaba marcharse. Ulises pasó siete largos años en esa isla, triste, mirando el horizonte y llorando por su familia. Al fin, los dioses le ordenaron a Calipso que lo liberara. Ella le enseñó a construir una balsa con sus propias manos, le dio comida y agua para el camino, y lo dejó partir. ¡Por fin Ulises podía intentar volver a casa!
Los feacios, los mejores marineros del mundo
Una nueva tormenta, enviada por Poseidón, el dios del mar, casi destruyó la balsa de Ulises. Llegó a tierra exhausto y con la ropa destrozada. La joven princesa Nausícaa lo encontró en la playa y lo llevó al palacio de su padre, el rey Alcínoo, quien lo recibió con gran generosidad. Allí, sentado junto al fuego, Ulises contó todas sus aventuras a los asombrados feacios. El barco mágico de aquel pueblo llegó a Ítaca en una sola noche mientras Ulises dormía plácidamente. ¡Ya casi estaba en casa!
De vuelta en Ítaca

Después de muchísimos años y mil aventuras, Ulises por fin llegó a su isla, Ítaca. Pero en su palacio vivían sin permiso muchos hombres que querían casarse con Penélope. Su fiel esposa los había entretenido con un truco ingenioso: prometió elegir marido cuando terminara de tejer una tela… ¡y cada noche deshacía en secreto lo que había tejido de día! Ulises entró al palacio disfrazado de mendigo para ver lo que pasaba.
La prueba del arco

Penélope anunció un concurso: quien pudiera tensar el enorme arco de Ulises y disparar una flecha a través de doce hachas en fila ganaría su mano. Los pretendientes lo intentaron uno a uno… ¡y ninguno pudo ni siquiera doblar el arco! Entonces el viejo mendigo pidió intentarlo. Todos se rieron de él. Pero el «mendigo» tensó el arco con total facilidad y disparó la flecha perfectamente. Cuando se quitó el disfraz, todos reconocieron al héroe. ¡Ulises había vuelto! Se reunió con Penélope y con su hijo Telémaco, y por fin el hogar de Ítaca volvió a estar completo.
La lección de Ulises
El viaje de Ulises se ha contado durante miles de años. Nos enseña que, ante los problemas, la inteligencia y la calma pueden más que la fuerza. Y, sobre todo, que con paciencia y sin rendirse, siempre se puede volver a lo que más queremos: nuestro hogar y nuestra familia.
Actividad
Vuelve a contar tu aventura favorita de Ulises con tus propias palabras, o dibújala. ¿Qué aventura te dio más miedo? ¿Cuál fue la idea más astuta de Ulises?
Actividades para imprimir
Descarga e imprime estas actividades del viaje de Ulises.
Juega en la pantalla
🃏Memoria: encuentra las parejas del viaje de Ulises
Voltea las cartas y encuentra las parejas iguales.
💭Para pensar y crear
Preguntas para pensar y conversar en familia.
Piensa y cuéntale a tu familia:
Ulises venció al cíclope con astucia. ¿Cuándo has usado tú la inteligencia en vez de la fuerza?