Bosque del Saber
Vamos a Leer: Libros Ilustrados
Cuento ilustrado

Los Siete Cabritos

Un cuento de astucia y amor

👨‍👩‍👧

Para leer en familia

Lee despacito y haz pausas en cada dibujo. Pregunta a los niños qué creen que hará el lobo a continuación. ¡Así la historia se vuelve más emocionante!

La familia más bonita del bosque

Mamá Cabra rodeada de sus siete cabritos frente a su casita blanca en el bosque
Mamá Cabra y sus siete hijitos: la familia más bonita del bosque.

Al pie de un bosque verde y frondoso había una casita blanca con techo de tejas rojas. Allí vivía Mamá Cabra con sus siete hijitos: Gordo, Curioso, Dormilón, Saltarín, Goloso, Valiente y Pequeñín, el más chiquito de todos.

Los cabritos pasaban los días jugando en el jardín, persiguiéndose entre los girasoles y trepando a los árboles. Mamá Cabra los quería con todo su corazón. Les enseñó muchas cosas importantes: a lavarse las manos, a compartir la comida y, sobre todo, a tener cuidado con el lobo que vivía en lo profundo del bosque.

«El lobo es muy astuto», les repetía. «Tiene la voz ronca como el trueno y las patas negras. Si alguna vez llama a nuestra puerta… ¡no la abráis por nada del mundo!». Los siete cabritos prometieron que obedecerían. Pero la prueba llegaría antes de lo que pensaban.

Mamá Cabra sale al mercado

Mamá Cabra se despide de sus siete cabritos con su cesta de mimbre, mientras el lobo los espía desde el bosque
Mamá Cabra sale al mercado mientras el lobo la observa desde las sombras.

Una mañana luminosa, Mamá Cabra se puso su mejor delantal a flores y colgó del brazo su cesta de mimbre. «Hijitos míos», dijo con voz cariñosa, «tengo que ir al mercado del bosque a traer comida para todos. Estaré de vuelta antes de que el sol llegue al centro del cielo».

Los besó a todos en la frente, cerró la puerta con llave y se fue por el camino. Pero desde detrás de un roble enorme, unos ojos amarillos y hambrientos la observaban. El lobo feroz había estado escuchando cada palabra.

El primer intento del lobo

El lobo llama a la puerta de los cabritos intentando imitar la voz de Mamá Cabra
El lobo llama a la puerta, pero los cabritos lo reconocen por su voz ronca.

En cuanto Mamá Cabra desapareció entre los árboles, el lobo salió de su escondite y corrió hacia la casita blanca. Llamó a la puerta con golpes fuertes. ¡TOC, TOC, TOC!

«¿Quién es?», preguntaron los cabritos desde adentro. «¡Soy yo, vuestra mamá!», gruñó el lobo, intentando sonar dulce. Pero su voz salió ronca y temblorosa.

Los cabritos se miraron con los ojos muy abiertos. Pequeñín frunció la nariz. «¡Esa no es la voz de nuestra mamá!», gritaron juntos. «¡Tú eres el lobo!». El lobo pegó un gruñido de rabia que hizo temblar las ventanas y se alejó corriendo.

El lobo busca miel

El lobo bebe un enorme frasco de miel en el mercado del bosque
El lobo se bebió el frasco de miel entero para suavizarse la voz.

El lobo furioso llegó hasta el mercado del bosque. Buscó un puesto de dulces y vio el frasco de miel más grande que había visto en su vida. «¡Un poco de miel me suavizará la voz!», pensó con una sonrisa malvada.

Se bebió el frasco entero de un solo trago. Carraspeó dos veces, habló solo en voz baja... y su voz sonó mucho más dulce que antes. «¡Perfecto!», exclamó frotándose las manos.

Corrió de vuelta a la casita y llamó otra vez. «Soy yo, vuestra mamita querida», dijo con voz casi dulce. Pero Saltarín se asomó por debajo de la puerta y pegó un grito: «¡Las patas! ¡Son negras! ¡Es el lobo!». El lobo rugió y salió huyendo otra vez.

Las patas blancas de harina

El lobo mete las patas en un saco de harina en el molino del bosque
El lobo metió las patas en harina para hacerlas parecer blancas.

El lobo llegó corriendo hasta el molino del bosque. Vio los grandes sacos de harina apilados junto a la puerta y tuvo una idea brillante. Metió las cuatro patas en el saco de harina blanca hasta el fondo... y las sacó completamente cubiertas de un polvo blanco y suave.

«¡Ahora mis patas parecen blancas como las de Mamá Cabra!», exclamó satisfecho. Por tercera vez volvió a la casita. «Muéstranos las patas primero», exigió Pequeñín. El lobo levantó una pata blanca de harina por debajo de la puerta. Los cabritos la vieron blanca y suave… La puerta se abrió.

El lobo entra a la casa

El lobo irrumpe en la casita mientras los cabritos corren a esconderse
Los cabritos corrieron a esconderse por todos los rincones de la casa.

En cuanto la puerta se abrió, el lobo enorme entró de un salto con la boca abierta. Los cabritos corrieron a esconderse por toda la casa: uno debajo de la mesa, otro detrás de la cama, el tercero en el horno, el cuarto en los estantes, el quinto bajo la almohada y el sexto en el armario.

El lobo los encontró a todos, uno tras otro, y se los tragó enteros. Solo Pequeñín no encontraba dónde esconderse... hasta que vio el gran reloj de pie del salón. Abrió su puertita y se metió dentro, quieto como un ratón. El lobo lo buscó por todos lados pero no lo encontró. Con la barriga hinchada, salió de la casa satisfecho.

Pequeñín espera solo

Pequeñín sentado solo en la casa revuelta, llorando junto al reloj de pie
Pequeñín salió del reloj y encontró la casa en silencio y revuelta.

Dentro del reloj, Pequeñín escuchaba el TIC-TAC a su alrededor. Su corazón latía muy rápido. Esperó hasta que ya no escuchó los pesados pasos del lobo.

Con mucho cuidado, abrió la puertita del reloj y asomó la cabeza. La casa estaba en silencio. Sillas volcadas, almohadas tiradas, la puerta abierta de par en par… Pequeñín recorrió toda la casa llamando en voz muy bajita a sus hermanos. Pero solo le respondía el silencio. Se sentó en el centro del salón y empezó a llorar. Así lo encontró Mamá Cabra cuando regresó del mercado.

Mamá Cabra regresa

Mamá Cabra abraza a Pequeñín con tijeras y aguja en la mano, lista para el rescate
Mamá Cabra escuchó todo y tomó su determinación: rescataría a sus hijos.

Mamá Cabra soltó su cesta y corrió hacia Pequeñín. «¡Pequeñín! ¿Qué pasó? ¿Dónde están tus hermanos?». Entre sollozos, Pequeñín le contó todo: la voz suavizada con miel, las patas cubiertas de harina, la puerta que abrieron sin querer... y cómo el lobo se había tragado a sus seis hermanos.

A Mamá Cabra se le llenaron los ojos de lágrimas. Pero también le brillaron con una luz de determinación. «No llores más», le dijo con voz firme. «Tus hermanos están en la barriga del lobo y todavía podemos salvarlos». Tomó sus tijeras grandes, un carrete de hilo y su aguja. Cogió a Pequeñín de la mano y los dos salieron al bosque.

El rescate

Mamá Cabra abre la barriga del lobo dormido y los cabritos salen dando saltitos
Uno a uno, los cabritos salieron de la barriga del lobo: ¡todos sanos y salvos!

No tardaron mucho en encontrarlo. El lobo dormía bajo un gran roble, con la barriga tan hinchada que parecía un globo a punto de reventar. Y desde adentro se escuchaban vocecitas muy bajitas. «¡Están vivos!», susurró Pequeñín con los ojos brillantes.

Mamá Cabra abrió la barriga del lobo con sus tijeras. Y uno a uno, sus seis hijitos salieron dando saltitos: todos sanos y completamente ilesos. Hubo abrazos, besos y muchas lágrimas de alegría. Luego Mamá Cabra llenó la barriga del lobo con piedras grandes y lo cosió de vuelta. El lobo siguió durmiendo sin darse cuenta de nada.

Justicia y celebración

El lobo cae al río con las piedras en la barriga mientras los cabritos celebran en la orilla
El lobo cayó al río y los ocho vivieron felices para siempre jamás.

Cuando el lobo despertó, sintió un peso enorme en el estómago y una sed terrible. Se arrastró hasta el río del bosque. Cuando se inclinó sobre el agua para beber, el peso de las piedras lo desequilibró… ¡PLAF! El lobo cayó al río. Las piedras lo hundieron hasta el fondo, y así terminó para siempre el lobo feroz del bosque.

Mamá Cabra y sus siete cabritos volvieron a su casita blanca. Esa noche cenaron juntos, cantaron canciones y se abrazaron muy fuerte.

«¿Aprendisteis algo hoy?», preguntó Mamá Cabra. «¡Sí!», dijeron los siete a coro. «¡Nunca abrir la puerta a desconocidos!». «Y que mamá siempre, siempre viene al rescate», añadió Pequeñín con una sonrisa enorme. Y los ocho vivieron felices, juntos y seguros, para siempre jamás.

💡

¿Qué aprendimos?

Nunca debemos abrir la puerta a desconocidos, aunque digan que son alguien de confianza. Si algo nos parece raro, ¡avisemos a un adulto!

Juega en la pantalla

Desarrolla:Inteligencia emocionalComprensión

❤️¿Cómo se siente?

¿Cómo se sentía el personaje? Toca la carita correcta.

🐐

Los siete cabritos juegan felices en casa.

Toca la carita que muestra cómo se siente:

Momento 1 de 4

Jugar el Quiz