
La Vuelta al Mundo en 80 Días
Una aventura de Julio Verne
Hoy vamos a leer una aventura larga y emocionante que da la vuelta a todo el planeta. Hay trenes a toda máquina, barcos en alta mar, elefantes en la selva y una carrera contra el reloj. Ponte cómodo… ¡que zarpamos!
Para leer en familia
Esta historia es perfecta para leer poco a poco, quizás con un mapa o un globo terráqueo al lado para seguir el viaje. Al terminar, pregúntense: ¿qué lugar del mundo les gustaría conocer? ¿Qué llevarían en la maleta?
Una apuesta imposible

En Londres, hace muchos años, vivía un caballero muy serio y puntual llamado Phileas Fogg. Hacía cada cosa a la misma hora exacta y nunca, jamás, llegaba tarde. Una tarde, en su club, leyó en el periódico que por fin era posible dar la vuelta al mundo en solo ochenta días.
Sus amigos se rieron: «¡Imposible!», decían. Pero el señor Fogg, muy tranquilo, los retó: «Apuesto toda mi fortuna a que doy la vuelta al mundo en ochenta días y regreso aquí, a esta misma hora». Esa misma noche preparó su maleta para partir.
El fiel Passepartout

Justo ese día, el señor Fogg había contratado a un nuevo criado: un francés alegre y bondadoso llamado Passepartout, que soñaba con una vida tranquila. ¡Pobre Passepartout! No imaginaba que en pocas horas estaría dando la vuelta al mundo entero.
Con una bolsa de dinero y mucha calma, amo y criado tomaron el primer tren. La gran aventura por mares, desiertos y montañas acababa de comenzar. Tenían ochenta días, ni uno más.
Un detective los sigue

Mientras cruzaban Europa y llegaban a Egipto, en el puerto de Suez los esperaba un problema. Justo en esos días habían robado un banco en Londres, y un detective llamado Fix creyó que el ladrón era… ¡el señor Fogg! Sin ninguna prueba, decidió seguirlo por todo el mundo para atraparlo.
Fogg, sin sospechar nada, seguía su viaje con la calma de siempre, anotando cada día en su cuaderno. Embarcaron rumbo a la India, surcando el mar bajo un sol ardiente.
A lomos de un elefante

Al llegar a la India subieron a un tren que debía cruzar el país… pero las vías no estaban terminadas. ¡El camino se acababa en plena selva! El señor Fogg no se inquietó ni un poquito: compró un enorme elefante para continuar el viaje entre árboles gigantes y templos antiguos.
Montados en el elefante, atravesaron junglas espesas llenas de sonidos misteriosos. Passepartout se agarraba con fuerza, asombrado de ver paisajes que jamás habría imaginado en su vida.
El rescate de la princesa

En lo profundo de la selva encontraron a una joven princesa llamada Aouda, a quien unas personas querían hacer daño. Sin dudarlo, el señor Fogg y Passepartout idearon un plan muy valiente y la rescataron en plena noche.
Agradecida, Aouda se unió al viaje. Aunque el señor Fogg parecía frío y serio, su corazón era bondadoso: había arriesgado un tiempo precioso de su apuesta para salvar a alguien en peligro.
Engaños en Hong Kong

El grupo siguió hacia China. En el animado puerto de Hong Kong, el detective Fix intentó retrasar a Fogg con todo tipo de trucos. Hasta logró que el pobre Passepartout perdiera el barco y se quedara solo en una tierra desconocida.
Pero el señor Fogg no se rindió. Alquiló un pequeño barco y, entre olas y tormentas, continuó su carrera contra el tiempo, decidido a reencontrar a su fiel criado más adelante.
Acróbata en Japón

Passepartout, perdido y sin dinero, llegó hasta Japón. Para sobrevivir, se unió a un grupo de acróbatas y actuó en un espectáculo lleno de color, vestido con un traje divertidísimo. ¡Quién lo hubiera imaginado!
Por suerte, cuando el barco del señor Fogg llegó a Japón, Passepartout reconoció a su amo entre el público. Se reencontraron felices y juntos cruzaron el inmenso océano Pacífico rumbo a América.
A toda máquina por América

En América subieron a un gran tren de vapor que atravesaba enormes praderas y montañas nevadas. El paisaje corría veloz por la ventanilla mientras los días seguían contándose, uno tras otro, sin descanso.
Pero el viaje por el Lejano Oeste estaba lleno de sorpresas, y muy pronto la aventura se volvería más emocionante que nunca.
¡Peligro en el Oeste!

De repente, una manada enorme de búfalos cruzó las vías y el tren tuvo que detenerse durante horas. Más adelante, un grupo de jinetes atacó el tren en marcha, y Passepartout, muy valiente, ayudó a poner a salvo a todos los pasajeros.
Para colmo, un puente estaba a punto de romperse. El maquinista, con gran audacia, cruzó a toda velocidad justo a tiempo. ¡El corazón se les salía del pecho! Pero el señor Fogg seguía tan tranquilo como siempre.
Un barco sin carbón

Al llegar a la costa, el barco que debía llevarlos a Europa ya había zarpado. El señor Fogg, sin perder la calma, convenció al capitán de otro barco para cruzar el Atlántico. Pero a mitad del océano se quedaron sin carbón para la máquina.
Entonces Fogg tomó una decisión asombrosa: compró el barco entero y mandó quemar la madera de la cubierta para mantener el fuego encendido. Así, ardiendo trozo a trozo, el barco logró llegar por fin a Inglaterra.
¡Arrestado!

Nada más pisar tierra inglesa, el detective Fix cometió su gran error: arrestó al señor Fogg creyéndolo el ladrón del banco. Lo encerraron unas horas… hasta que llegó la noticia de que el verdadero ladrón ya había sido capturado.
Fix se disculpó, muy avergonzado. Pero el tiempo perdido parecía fatal: cuando Fogg llegó a Londres, creía que ya habían pasado ochenta y un días. ¡Había perdido la apuesta por un solo día! Regresó a casa triste, pero sereno como siempre.
¡La vuelta al mundo ganada!

Lo que el señor Fogg no sabía es que, al viajar siempre hacia el este, había ido adelantando la hora poquito a poco en cada país. ¡En realidad había ganado un día entero sin darse cuenta! Solo habían pasado setenta y nueve días.
Justo a tiempo, corrió a su club y ganó la apuesta ante sus asombrados amigos. Pero su mayor premio no fue el dinero: durante el viaje, él y la princesa Aouda se habían enamorado, y se casaron muy felices. ¡Había dado la vuelta al mundo y, además, encontrado el amor!
La lección de la historia
¿Qué aprendimos?
Con calma, constancia y un buen corazón se logran cosas que parecen imposibles. El señor Fogg nunca se rindió ni perdió la paciencia, y siempre ayudó a los demás. ¡Y descubrimos que el mundo es enorme y está lleno de lugares maravillosos por conocer!
Actividad
Busca un mapa o un globo terráqueo y traza el viaje del señor Fogg: Londres, Egipto, India, China, Japón, América y de vuelta a Londres. ¿Por cuántos océanos pasó? Luego dibuja tu propio medio de transporte para dar la vuelta al mundo.
Actividades para imprimir
Descarga e imprime estas actividades de La Vuelta al Mundo en 80 Días.
Juega en la pantalla
🃏Memoria: encuentra las parejas de La vuelta al mundo en 80 días
Encuentra las parejas de cartas del viaje alrededor del mundo.
🎭Ahorcado: adivina la palabra del cuento
Adivina las palabras secretas del cuento, letra por letra.
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Pista: El sereno caballero inglés de la apuesta
🔢Ordena las escenas: ¿qué pasó primero?
Toca las escenas del cuento en el orden en que pasaron.
Toca las escenas en el orden correcto: